Cultura
El desarrollo y la actual configuración de Lanzarote no pueden entenderse sin conocer con profundidad la obra espacial y arquitectónica del artista conejero de proyección internacional César Manrique. Gracias a su inagotable imaginación y su amor por la tierra que lo vio nacer, la isla se mantuvo al margen de los corrientes desarrollista de la década  de los setenta y sus habitantes han hecho suyas las tesis de sostenibilidad que combinan la producción de elementos para el turismo con la conservación medioambiental.

Fue durante la estancia de César Manrique en Nueva York, a mediados de la década de los sesentas, cuando se gestaron en la fértil mente del polifacético creador los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote, vinculados al desarrollo económico de la isla, para su conversión en destino turístico inigualable. En colaboración con el gobierno insular, a cuyo presidente José Ramírez le unía una estrecha amistad, Manrique promovió la creación de los siete centros turísticos que existen hoy en Lanzarote.

En esos años, las instituciones públicas se volcaron en la inversión en infraestructuras y comunicaciones, dentro de un marco de conservación de la naturaleza y valoración del patrimonio natural y cultural de la isla. Paralelamente, el temor del artista ante una especulación incontrolado le hicieron insistir en de crear algún tipo de regulara el crecimiento urbanístico, al tiempo que acentuara los valores estéticos de la isla.

Manrique fue consciente de que, por sus valores naturales y su belleza, el paisaje de Lanzarote podía convertirse en su principal fuente de riqueza, y que por su extrema fragilidad, podía verse afectado de forma irreversible. Para evitar esto último, el artista vinculó  la creación de elementos atractivos para los visitantes con la conservación paisajística. Es lo que se conoce en nuestros días como Desarrollo Sostenible, concepto que combina la salvaguarda de los valores naturales y culturales con la evolución y prosperidad económica.
A mediados de los setenta, Manrique comienza a esbozar las líneas de un plan integral de desarrollo para Lanzarote. En las cartas que escribe desde Nueva York, se interesa por las gestiones de compra del Castillo de San José y comenta que está asesorando para llevar a cabo de los proyectos que ha ideado para Lanzarote, de los cuales, algunos como el Molino de Arrecife o las obras en el Islote del Amor no se harían nunca o no se terminarían. En cualquier caso, todos testimonian la voluntad del artista por crear un proyecto cultural y turístico completo y alejar el fantasma del desastre urbanístico sucedido en otros puntos del archipiélago o la Península Ibérica

A partir de su vuelta definitiva a la isla, en 1966, César Manrique comienza a poner en práctica sus proyectos espaciales de intervención en el territorio, en los que combina elementos paisajísticos, arquitectónicos, plásticos y de diseño. El resultado será la creación de seis o de los siete Centros de Arte, Cultura y Turismo: el Museo Internacional de Arte Contemporáneo Castillo de San José (MIAC); Jameos del Agua; la Cueva de los verdes; el Mirador del Río; el restaurante “El Diablo” y el área de servicios de las Montañas del fuego; la Casa museo del Campesino y el Jardín de Cactos. El séptimo de los Centros Turísticos, ideado y diseñado por Jesús Soto, es la cueva de los Verdes, que fue el primer Centro Turístico que se creó.

El impacto de la filosofía de César Manrique recibió el espaldarazo definitivo con la declaración Lanzarote Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO en 1993, un año después del fallecimiento del artista. 

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